Escucha el robusto nuevo disco de Bunbury: 'Expectativas'

Desde las doce de esta medianoche Bunbury está oficialmente de vuelta con Expectativas, el noveno disco de una trayectoria solista que acumula ya veinte años de inquieto tránsito.

Expectativas es la continuación de aquel Palosanto de 2013 en el que Enrique manifestaba su esperanza ante la posibilidad de un cambio y una revolución que se han quedado en prácticamente nada.

Con ese tono de chasco arranca el álbum con todo el poderío arrollador de La ceremonia de la confusión, a la que siguen La actitud correcta, Cuna de Caín, En bandeja de plata, Parecemos tontos, Lugares comunes frases hechas, Bartleby, Mi libertad, La constante y la esplendorosa Supongo.

Un viaje a través de once nuevos temas que empieza en el desengaño absoluto ante este mundo en el que nos ha tocado jugar, pero termina encontrando ciertas grietas de luminosidad y esperanza. "Nada lo sé de cierto, todo lo sé de supongo".

Expectativas, un álbum de rock robusto que suena absolutamente contemporáneo gracias a la pe…

HIM (2017) La Riviera. Madrid

Lugar: La Riviera. Madrid
Fecha: 15 junio 2017
Asistencia: 1.500 personas
Artistas Invitados:

HIM se despiden de Madrid: Y el príncipe de las tinieblas se hizo luz

El 'Razorblade Romance' lo quemé casi creo que literalmente allá por 1999. Fue mi amigo Diego quien me lo puso sobre la mesa y, suavemente, lo empujó con un dedito en dirección hacia mi. En plan 'esta es la movida, recuerda este momento porque esto te va a entrar como un tiro'. Y recuerdo que fue él porque es un talibono brutal de U2, un grupo que no se te viene a la cabeza precisamente cuando piensas en HIM. Él lo sabía y aún así me lo dijo: dale caña y me cuentas.

Estaba en lo cierto el jodío, claro, no es tan difícil sabes qué le va a gustar a un amigo bien conocido. Desde luego, 'Join me in death' sonaba a clásico del rock de estadio más épico. Y 'Poison girl'. Luego estaban también 'Your sweet 666' o 'Right here in my arms', pelotazos robustos por fuera pero con sangre palpitando dentro. Esa es la movida de HIM, claro, y ahí estaba. Por eso considero que 'Razorblade romance' es un disco sobresaliente de principio a fin.

Con esas nos plantamos en La Riviera en aquella gira de presentación, el 3 de noviembre del año 2000. Después hubo otras antes de llegar a la noche de este 15 de junio de 2017, cuarto encuentro con la banda y el tercero en el mismo lugar. En esta ocasión es para despedirnos y no pasa nada, sin dramas, está bien. Durante todos estos años hemos pasado unos ratos estupendos y la música siempre quedará ahí para cuando uno la necesite.

Como suele suceder en cualquier gira de despedida que se precie, HIM dijeron adiós a Madrid a sala llena, con La Riviera abarrotada hasta el máximo de su aforo permitido con 1.500 fans que agotaron las entradas en apenas unos días, allá por el mes de enero.

Tal es el predicamente que la banda finlandesa sigue manteniendo entre el público capitalino, a pesar de que quedan muy lejos ya los años de máximo eramonamiento mutuo, cuando el éxito se desbordó en 1999 con aquel Razorblade Romance que puso a Ville Valo y los suyos en órbita.

Un disco esencial en la trayectoria de HIM (His Infernal Majesty), iniciada en 1991 en Helsinki y que terminará a finales de este año, después de que el grupo se haya despedido convenientemente del público europeo ahora, y estadounidense en otoño.

En el camino, ocho discos de estudio, el último de ellos Tears on Tape, de 2013. Un epílogo a una obra que alcanzó su cima con Razorblade Romance, Deep Shadows and Brilliant Highlights (2001) y Love Metal (2003), siendo este último, además, el que resume la música de HIM.

Porque los finlandeses hacen metal pero son inevitablemente románticos en su oscura y gótica languidez, con el vocalista Ville Valo como magnético e icónico vampiro al frente. En la penumbra, ante el micrófono, encadenando éxitos que ahora se revelan atemporales.

Y el gentío aúlla a la luna llena mientras atronan Buried alive by love, Heartache every moment y Your sweet 666. Triunvirato que deja claro que la banda ha venido a despedirse regodeándose en su legado. Reivindicándose como autores de canciones por encima de todo.



FOTO DE PATRICIA CANO

Son los tres mencionados álbumes los que reciben la respuesta más impetuosa por parte de una parroquia que se apelotona contra las primeras filas en una muchedumbre pertinentemente uniformada con el color negro como seña de identidad.

Y se suceden Resurrection, Kiss of a Dawn, Sacrament, Tears on Tape, Wings of a Butterfly, Stigmata Diaboli, Gone with the Sin, Bleed well y la contundencia de It's all tears, en la que Ville demuestra su amplio rango vocal, de lo gutural a lo melosamente melodioso, pasando por agudos chillidos de garganta rota.

El recital se parte en dos con la popular versión guitarrera que HIM hacen del Wicked game de Chris Isaak, a la que siguen Killing loneliness y la coreadísima Poison girl, con uno de esos estribillos pegadizos que les acercan al pop rock para todos los públicos y que, de hecho, les llevó al éxito mayoritario con el cambio de siglo.

Turno para Heartkiller antes del gran momento de la noche, inevitablemente para Join me in Death, el clásico por excelencia de HIM, el que resume toda su propuesta y concentra toda su esencia, con todos los asistentes coreando y alzando los móviles para registrar y compartir el momento.

Un momento en el que viajan en el tiempo hasta hace casi veinte años, cuando la banda finlandesa más vendedora de la historia entró fulminantemente en sus vidas como el enamoramiento a traición en esa noche que tanto inspira a HIM en general y a Ville Valo en particular, convertido para el recuerdo en el vampiro romántico definitivo.


FOTOS DE PATRICIA CANO

Porque por mucho que Hollywood se empeñe en Robert Pattinson y la saga Crepúsculo, para otra generación es Ville su vampiro favorito. Y es que les canta In joy and sorrow, Right here in my arms y The funeral of hearts y el gentío se deja llevar hacia las tinieblas sin remordimiento alguno.

Unas tinieblas que no son figuradas en este caso, pues la puesta en escena de la velada es básicamente contenida penumbra con algunos momentos puntuales de explosión lumínica controlada. Y eso no cambia para el tramo final de los bises, para cuando el sonido inicialmente embarullado ya es del agrado generalizado.

Y para cuando el inicialmente hierático cantante ya se despendola arropado por el indudable músculo del resto de la banda. Es así como en las últimas canciones la despedida se convierte en alegre celebración sin lágrimas con el karaoke generalizado de Pretending.

Porque HIM dicen adiós satisfechos con lo hecho y perpetrando una considerable tormenta sónica en Soul on Fire, antes del broche final con Embrace by love and death, perfecto epílogo para más de noventa minutos de solemne adiós. En un abrazo colectivo por el amor y la muerte, en la noche en la que su majestad infernal, el príncipe de las tinieblas, se hizo luz. Y se fue.


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