AC/DC (2015) Estadio Vicente Calderón. Madrid

Lugar: Estadio Vicente Calderón. Madrid
Fecha: 31 mayo 2015
Asistencia: 50.000 personas
Precio: Desde 84 euros
Artistas Invitados: The Vintage Trouble
Músicos: Brian Johnson (voz), Angus Young (guitarra), Stevie Young (guitarra), Cliff Williams (bajo) y Chris Slade (bateria)

CRÓNICA DEL SEGUNDO CONCIERTO DE AC/DC EN MADRID AQUÍ.

Rockea y revienta

Cuando sientas que no puedes con la vida: rockea o revienta. Cuando sientas que todo va mal: rockea o revienta. Cuando no veas salida: rockea o revienta. Cuando todo se pone en tu contra: rockea o revienta. Cuando te sientes perdido y solo: rockea o revienta. Cuando no hay luz en el camino: rockea o revienta. Cuando llega el momento de la celebración: rockea y revienta.

Rockea y revienta en este momento porque puede que no haya un mañana. Esa es la consigna aceptada por las 50.000 personas que este domingo abarrotaron el estadio Vicente Calderón en el primero de los dos conciertos de AC/DC en Madrid dentro de su 'Rock or bust world tour' en un ambiente de camaradería extrema y de sincera felicidad colectiva. Porque ese es el poder de la propuesta de Angus Young y compañía.



Un propuesta colosalmente monolítica, que viene siendo igual desde tiempos inmemoriales pero... ¿qué más da? Esa es precisamente la magia de todo este tinglado: que ni cambia ni queremos que cambie, porque tal y como está nos da la vida. Porque ya antes de empezar reina en el ambiente ese festejo a la vida que supone congregarse para hacer el bruto con libertad total durante una noche.

Todos ahí fuera, en el mundo real, tenemos nuestro trabajo y nuestras responsabilidades de adultos. Pero aquí, en este momento en este lugar, nos comportamos como trogloditas y entregamos toda nuestra energía, que una vez condensada y enviada al escenario nos es devuelta a través de ese catalizador interminablemente eléctrico que es Angus Young, con sus sesenta tacos y todavía ejerciendo de colegial indómito para jolgorio de la parroquia.

Cae la noche y la impaciencia es brutal. La ansiedad es insoportable y las cervezas se evaporan sin más. Y para cuando arranca 'Rock or Bust' la demencia estalla. El sonido es todo lo atronador que uno puede esperar de AC/DC y más. Es primitiva contundencia como un terremoto que nos remueve a todos por dentro y nos incita a sudar y sudar y no dudar con ese comienzo seguido de 'Shoot to thrill', 'Hell ain't a bad place to be' y 'Back in black' [FOTOS DE PATRICIA CANO].



Hay gritos para el ausente Malcolm Young entre canción y canción. Él es la esencia de AC/DC, pero reconozcamos que su sobrino Stevie Young cumple bien como gregario, ensamblando una sección rítmica infalible junto al sempiterno bajista Cliff Williams y al recuperado baterista Chris Slade (quien ya estuvo en el grupo en el primer lustro de los noventa). Malcolm en realidad está porque sus canciones son más grandes que la vida. Y esa trascendencia es sublime.

'Play ball' y 'Dirty deeds done dirt cheap' ponen el estadio del revés, con los graderíos atestados de testosterona en un mar de cuernitos rojos y cuernos de los de verdad, de los de puño en alto. Y para cuando suena 'Thunderstruck' hay quien se arrodilla así en plan futbolista brasileño y lanza una especia de plegaria al cielo con los ojos cerrados y los brazos abiertos tratando de abrazar a todos y cada uno de los asistentes.

'Thunderstruck' es siempre un momento cumbre, ya lo sabemos, pero sigue el crescendo con 'High voltage', 'Rock n roll train' y la demencia litúrgica de 'Hells bells' con la gran icónica campana presidiendo totémica el escenario. Un escenario impactante pero tampoco deslumbrante, al que le falta una pasarela hasta medio del estadio, como había en la anterior gira. A cambio, una pasarela más cortita que se elevará llegado el momento... y unas pantallas que cumplen su misión a la perfección para engrandecer a los músicos [FOTOS DE PATRICIA CANO]



La mejor canción de AC/DC en mucho tiempo es 'Baptism by fire', que suena como un martillo pilón triturándonos los pabellones auditivos (una maldita gozada pues). Y desde aquí es la locura constante con 'You shook me all night long', 'Sin city' y 'Shot down in flames', la canción que en mi casa me ponían a principios de los ochenta cuando yo era un mico que entraba en trance haciendo la air guitar y mirando la portada del vinilo 'Highway to hell' que ahora cuelga de la pared de mi habitación.

La reliquia 'Have a drink on me' da paso a 'T.N.T.', 'Whole lotta Rosie' y 'Let there be rock', tema iniciático en el que Angus Young se da su baño de masas con un largo solo sobre la plataforma, adentrado entre el gentío que le adora como a un Dios que sí puede ver, tocar y sentir. Porque con él no es cuestión de fe pero, si dudas, puedes meterle el dedito en la herida para sentirle vivo.

Resulta curioso que con un repertorio como este, el momento más recordado sea el solo de Angus. Pero es que la energía que desprende roza el cortocircuito, sin llegar a permitirlo, con una intensidad indómita y primitiva, pero perfectamente controlada. Electrocutados pero contentos. Para cuando termina pataleando en el suelo dando vueltas en círculo hay miles de personas eyaculando en plan tántrico en ese momento de epifanía en el que te dices a tí mismo: SÍ.



Los bises son los de siempre pero aunque ya los sepamos, no fallan. Porque con 'Highway to hell' todo el estadio trota al galope, mientras que con 'For those about to rock' todos nos saludamos en plan milicanos del rock, desgañitándonos al ritmo impuesto por los cañonazos de despedida y el grito de un Brian Johnson al que, como al resto del grupo, parece quedarle energía para rato.

Y es que el rock es la fuente de la eterna juventud, es el santo grial al que todos podemos acceder siempre y cuando lo hagamos con honestidad y pureza total. Y así se siente Madrid en este lunes de resaca feliz en el que todo sigue igual pero nosotros hemos cambiado porque nos sabemos poseedores de una gran verdad que nos hace ver las cosas de una forma diferente. Que nos hace darnos cuenta de que siempre hay salida. Porque en el rock confiamos, es el rock o la barbarie. Weeee saluuuuuuuute yooooouuuu!

Comentarios

  1. Que envidia (de la sana) me das, estuve hasta el último momento que si sí que si no con las entradas y ya sabemos que en acontecimientos de esta talla literalmente vuelan. Algo parecido me paso el año pasado con los Stones.
    Raro se hace no ver nunca más a Malcolm en un escenario, pero tuvo que ser un show de pelotas. Y eso que vivo muy cerquita del Calderón y no escuche nada.
    Let There Be Rock. Porque sí, porque a fin de cuentas es solo Rock n' Roll, y nos gusta.

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  2. Fantástico reportaje y fantásticas fotografías.

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